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sábado, 30 de noviembre de 2013

Mira que hay gente que me saca sonrisas, no lo niego. Pero la que ella consigue dibujar en mi cara, no tiene nada que ver con las demás; las demás son como una estrella fugaz, que aparece y desaparece rápidamente. La de ella es como el sol, que se queda ahí latente en mi rostro.

Me saca sonrisas de esas de las que sólo ella es capaz de sacarme. 

jueves, 31 de octubre de 2013

Octubre. Mi mes. El  mejor mes desde siempre, por simple nostalgia. Este año, el mejor mes de mi vida hasta ahora. Porque decir que es el mejor mes de mi vida y ya, sería infravalorar lo que aún está por venir, que no es poco. Este mes ha sido el mejor de mi vida hasta ahora, porque he encontrado a la mejor persona que podría encontrar en toda mi vida. Y es la misma que me ha enseñado qué es ser feliz y de verdad, no como una simple pantomima que tienes hacia los demás para evitar que te pregunten qué te pasa. No. Es felicidad verdadera. De esa que provoca que te rías o sonrías de repente, sin venir a cuento. Que te den más y más ganas de amar la vida. De despertarte cada mañana con un plus de energía que jamás antes habías experimentado. 

Creo que aún no he mencionado la palabra vida...
 
Vida, gracias por hacerme este regalo tan grande.

martes, 14 de febrero de 2012

Vosotros lo llamáis San Valentín. Yo, el día de El Corte Inglés

Pedirle un detalle a alguien es como exigir que te aprueben un examen. Es decir, que no es normal. Para aprobar un examen, por regla general, se debe estudiar de manera que le demuestres al que te corrige que tienes los conocimientos suficientes acerca de la materia como para que considere que, por lo menos, tienes una mediana idea de ello. Por lo tanto, requiere un esfuerzo personal, una fuerza de voluntad que la única persona que puede hacer que nazca es uno mismo. Ni tus padres, ni tus amigos ni nadie. No obstante, éstos te ayudan a ello con sus ánimos y demás. Pero la fuerza de voluntad no te la dan ellos, debe salir de ti mismo. 
Pues un detalle, o los detalles en general, les ocurre igual. Que no tienen porqué exigirse a una persona para que los tenga contigo. Son como regalos. Y los regalos que yo sepa no se piden, simplemente se esperan. A no ser que quieras algo totalmente fingido o artificial, a lo que puedes dejar de leer esta parrafada fruto de una reflexión personal matutina conmigo mismo.

Pues bien, hoy justo hace un año escribí acerca de este día, del catorce de febrero. (Podéis leerlo aquí.) Del día inventado por El Corte Inglés para promover aún más  el amor consumismo a pesar de estos tiempos que corren de crisis debilitamiento económico. La cosa es que me hace mucha gracia alguna de las cosas que se leen por ahí, principalmente Twitter (sí, por si no lo sabéis, amo esta red social).

Es que, en serio, me frustra demasiado y me da asco (ahí, en negrita subrayada para que se note) cuando dicen hoy es 14 de febrero, día de los enamorados. Y digo yo, ¿qué narices pasa aquí? ¿Que el resto del año ya no se está enamorado? ¿Que si hoy no demuestras tu amor incondicional a tu pareja se acaba todo o qué? ¡Venga ya!

Es que entonces eso sería lo mismo que decir que un padre no es padre menos en el día del Padre. Un padre es padre todo el año; y una madre es madre todo el año y no sólo el día de la Madre, y ya está leñe. Pues lo mismo con la pareja, ¿no creéis? Pues eso. Que los detalles no tienen fecha de caducidad como los yogures. Que los puedes tener en el momento que quieras, en el momento en el que más te apetezca o, como yo, en el momento en el que los sienta de verdad, de corazón. 

jueves, 28 de julio de 2011

Todos llevamos una cicatriz en la frente.

Harry Potter me ha enseñado a madurar. Ese pequeño gran personaje de una de las mejores sagas que existirá, me ha enseñado a ser lo que soy.  Me ha enseñado a enfrentarme a mis miedos, a luchar por lo que se cree, a ser valiente, a valorar el amor sobre todas las cosas, a juzgar a las personas por su corazón y por sus acciones más que por sus palabras. Harry Potter me enseñó a valorar la amistad, a valorar el amor de una familia y qué pasa cuando ese amor falta, a tener precaución con la ambición y el poder porque corrompe, a no dejarme llevar por el odio y el rencor.

Sus personajes me enseñaron que puedes ser hombre lobo y ser la persona más amable y bondadosa que puedes conocer, me enseñaron que puedes ser bajito y dormir en un armario bajo la escalera y ser el Elegido. Me enseñaron que puedes pasarte horas en la biblioteca entre libros y conocerte las reglas casi mejor que los profesores, y luego ser capaz de romperlas. Y sobre todo que puedes cometer errores, pero que se pueden enmendar. Que puedes ser rencoroso, huraño, tosco y hasta cruel, pero que puedes permanecer amando a una sola persona para siempre, pase lo que pase, que puedes sufrir, pero que debes permanecer fiel aunque haya peligro de morir. Me enseñaron el valor del sacrificio, de la valentía, del altruismo, del amor a los demás.
Harry Potter me enseñó que el mundo no se divide entre buenos y mortífagos, que todos tenemos luz y oscuridad en nuestro interior y que lo que realmente importa es qué parte decidimos potenciar. Me enseñó que es la calidad de las convicciones y no el número de seguidores lo que garantiza el éxito. Me enseñó que no son nuestras habilidades las que muestran como somos, sino nuestras elecciones. Me enseñó que los que nos aman nunca nos abandonan, y que siempre podemos encontrarlos en nuestro corazón. Me enseñó que no hay que tener lástima por los muertos, sino por los vivos, y sobre todo por los que viven sin amor. Me enseñó que el odio, el rencor, la codicia y la ira son poderosos, pero que hay algo que lo supera, algo que mueve el mundo, algo que deja marca, una marca que no es visible y que se encuentra debajo de la piel: el amor. Me enseñó que hay que perseguir un ideal, y que sacrificarse por amor no es una estupidez, sino un acto de altruismo.

domingo, 22 de mayo de 2011

Deshojando fantasías.

¡Qué extraño es esto del amor! Y ¿porqué? Ahora os lo diré.


El otro día pasé por el parque que hay cercano a mi casa. Observé como un grupo de niñas de apenas una docena de años recogían unas florecillas que nacían al pie del árbol. Eran margaritas. Ante mi natural curiosidad, me acerqué al lugar y me senté en un banco no muy lejos de ellas. Comenzaron a entonar al unísono y alternadamente unas palabras que decían: me quiere, no me quiere, me quiere, no me quiere, a la vez que separaban cuidadosamente cada ovalado y delgado pétalo de su botón central de oro. 
En ese momento me quedé pensando, que lo que no sabían esas inocentes pequeñas almas, es que no se trata de un me quiere, no me quiere, si no más bien de un me arriesgo, no me arriesgo. Aunque, seguramente, pasará una pequeña eternidad antes de que comprendan todo esto.

Como ya diría Alejandro Sanz, ¡Qué extraño es esto del amor! ¿Porqué preguntan a una flor?

lunes, 16 de mayo de 2011

No siempre lo que se quiere es lo mejor.

No lo sabes. Me despierto todas las mañanas con las mismas ganas de verte y de abrazarte, aunque no todos te lo hago saber. Siempre me pregunto lo mismo: ¿qué es lo que tienes que no me hace dejar de pensarte?
Quiero que sepas que no tengo nada claro. Y que si de algo no estoy seguro, es de lo que estoy haciendo. Pero seguramente cuando sea demasiado tarde (como suele pasar), te diré que te quería, te diré que cada mirada era un te quiero y cada sonrisa era un aún no te tengo. Y te estás escapando, lo noto a la par que lo veo. Todo se hace difícil, complicado, improbable tirando a casi imposible. Esto lo escribo por mi, no por ti, no intento contarte nada. No sé, he querido de muchas maneras. Tantas como figuras con nubes se crean en el cielo. ¿Pero así? Jamás. Sé que haga una cosa u otra, actúe de esta o de aquella manera, va a estar mal. O no del todo bien.
Pero es que tú, parece que todo lo que haces lo haces bien, que siempre sabes qué va a ser lo mejor. Que la cabeza y el corazón siempre los tienes conciliados, que te piden lo mismo, que los tienes perfectamente sincronizados. Pero por mucho que tú quieras, que yo quiera, no deja de ser una locura. Y hasta ahora la soporto, ya casi de rodillas. Estamos condicionados por todo, y aunque me joda, no siempre lo que se quiere es lo mejor.

Things I Never Told You. 
(adaptado por Heart's Knight).

lunes, 25 de abril de 2011

La felicidad siempre depende de algo.

Una vida rodeada de amor es bueno pero aún mejor si la felicidad no depende de ello.

¿Y porqué? Porque se puede ser felices de muchas maneras y de hecho algunas son hasta absurdas como cuando tu equipo marca un gol, en el último minuto, de penalti injusto; o madrugar y luego darte cuenta de que aún te quedan un par de horas de sueño por delante y sigues durmiendo. ¿Quién no ha sido feliz en esos momentos?
Pero a pesar de todo ello, yo os digo que es mejor que la felicidad no dependa de eso llamado amor, porque hay mucha gente que si no es por él no es feliz ni es nada ni nadie. Que no está mal tenerlo, pero hay que saber hasta qué límites llegar. Y entonces puede pasar que, sin quererlo ni beberlo, suceda cualquier cosa, algo empiece a no ir bien y esa persona con la que estás te abandone y entonces...¿qué? Que lo único que sostenía tu felicidad, al único pilar donde confinaste todo, se desmorona y te quedas roto, destrozado, mal. Y tan sólo los amigos y la famillia medio pueden hacer que vuelvas a flote en un proceso lento y costoso, muy costoso. 
Todo esto, como todo, lo digo por experiencia propia.

lunes, 14 de febrero de 2011

Catorce de Febrero.

Enserio, días como estos yo personalmente los odio y rechazo un poco bastante. Días inventados de la nada para tan sólo promover el consumismo en una sociedad que es de eso, de consumistas y de materialistas. Hablo por supuesto en general, ya que siempre, como en todo en esta curiosa vida, hay excepciones. Pero es que qué pasa...¿qué no se le puede demostrar en los restantes 364 días de año (365 si es bisiesto) que quieres a esa persona? ¿Qué no puede haber otro día para hacerle un bonito regalo, o invitarla a cenar o llevarla al cine? Parece que si ese día no se le demuestra lo que la aprecias, si no le regalas nada, es que no la quieres. Qué pena. Y lo que no sabe la gente, o si lo sabe no quiere darse cuenta, es que a una persona hay que demostrarle que la quieres día a día, tratándola como a lo mejor que tienes, como ese gran tesoro que posees y debes conservar, pase lo que pase. Cualquier día es perfecto para hacerle un regalo, claro que sí. Cualquier día es bonito para llevarla al cine, a cenar, o a dar un tan simple pero bonito paseo por un parque junto a ella. Porque creo que ese chico o chica no puede tener mayor regalo que tener a esa otra persona a su lado, sinceramente.
Hoy, el famoso día que inventó el Corte Inglés, llega a vuestras vidas, dadle una calurosa bienvenida de mi parte, porque yo no se la daré.

jueves, 11 de noviembre de 2010

Del amor al odio hay tan sólo un paso.


Dicen que del amor al odio tan sólo hay un paso. Pues bien, tienen razón. Esto es porque el odio tiene la misma intensidad que el amor. Llegas a querer tanto a una persona que no te puedes imaginar tu vida sin ella, pero cuando te hace daño, la ves con otros ojos y sin darte cuenta esos sentimientos positivos cambian radicalmente al odio. Sufrir por amor es morir en vida. Así que como prefieres no sufrir por su culpa, empiezas a crear rabia a su alrededor y cuando te das cuenta, esa rabia es el odio, y cada día que pasa la odias más y no soportas ni ver a esa persona. En cierto modo, esto a veces se hace como medida de protección, porque quieres dejar de sufrir por culpa de esa persona.
Yo sé lo que es querer muchísimo a una persona, tanto que daría mi vida por ella, y en cuestión de días llegar a odiarla como al mismísimo diablo. Y me diréis, ¿porqué? Porque ahora (una manera de hablar, ya hace tiempo que me dí cuenta) uno se da cuenta de la verdad de todo, se da cuenta que la función que uno tuvo en su momento y era la de un simple juguete, un capricho, para cierta persona, y que cuando se hartó de esto, se deshizo de mi como quien se deshace del papel del bocata del recreo, lo arruga y lo tira a la basura. Un capricho de una tarde de verano. Y no me arrepiento en el fondo...¿sabéis? porque me sirve para aprender de los errores, porque esta persona ha sido un error en mi vida, y de los errores yo aprendo y después encima, ME RÍO. Porque este es uno de esos errores de lo que luego te acabas riendo. Claramente, no le merecía. Yo soy mil veces mejor que esta persona, y mil millones de veces mejor que con la persona con la que está actualmente. En el fondo, ha sido tonta, ya que es como quien tiene un deportivo y lo cambia por un coche normal y corriente. Pero lo evidente es lo evidente. Pues de manera similar ha hecho esta persona. Se le podría calificar de muchas maneras. Tenemos una gran cantidad de adjetivos en nuestra gramática española para ello, pero es que creo que no se merece ni que se le describa con uno de ellos. Los adjetivos tienen más clase y estilo que la susodicha como para nombrarla con ellos. Esta niñata (porque no existe otra manera más bonita de dirigirse a ella aquí) no se merece NADA. La verdad es que tiene más de lo que se merece. Por el hecho de vivir ya tiene más de lo que se merece en realidad. Creo que no sabe ni lo que son los sentimientos, lo que es tener corazón...nada de eso.
Sinceramente, quien me lea, que me haga caso y que jamás de los jamases comience una relación a distancia si ambos no están convencidos de luchar por ello, porque luego pasa lo de siempre. Entre otras cosas, que uno de los dos SIEMPRE, sin excepciones, da más que otro. Con esto me demuestra varias cosas esta persona: que no tiene PALABRA para nada, dijo que sería para siempre, y tan sólo fue un suspiro; que no es tan fuerte como se anuncia, no luchó en ningún momento por esto, se dejó vencer claramente; que no es digna de mi, ahora me doy cuenta de lo muchísimo más que valgo yo que esta persona;  y muchas cosas más que no me quiero extender en ellas.
Para acabar, a ese ser humano le digo que me da PENA. Me da pena porque no supo valorar lo que tuvo. Ya te darás cuenta de lo que tuviste y de lo que perdiste, si es que tienes un poquito de cerebro al menos. Y recordad, que uno no se da cuenta de lo que tiene hasta que lo pierde.