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miércoles, 29 de mayo de 2013

Fin de ciclo.

Este mes se ha resumido en esto...


...que, a su vez, ha sido lo más importante que me ha ocurrido en muchísimo tiempo. Acabar un ciclo en mi vida. Una larga andadura que comenzó justo al acabar la Selectividad en el año 2009 y haber escogido como elección la carrera que comencé a estudiar ese mismo año y que ya este finalizo. Han sido cuatro años repletos de vivencias, unas buenas y otras no tan buenas de las que, como suelo decir, siempre se aprende. De las buenas, a sonreír recordándolas y deseando que vuelvan a ocurrir: de las no tan buenas, aprender de ellas para, en la medida de lo posible, nunca más cometerlas. 

Cuatro años. Parecía que fue ayer cuando estaba entrando por primera vez a una clase de Derecho. Y ahora, a punto de entrar en una de ellas por última vez, me es imposible evitar la nostalgia y el anhelo de Peter Pan de no crecer más. 

Pero no podemos quedarnos estancados en una etapa o época, porque sino sería paralizar el natural curso de la vida. Ahora es cuando toca pensar en nuevos proyectos, nuevas metas, nuevos objetivos. Y por muy difícil que parezcan las cosas en un momento determinado, hay que seguir adelante. Porque cuando algo se quiere de verdad, se lucha y se acaba consiguiendo.

Cuatro años... con sus más y con sus menos, con mis compañeros y amigos... los mejores de toda mi vida.

sábado, 11 de junio de 2011

Rendirse o luchar.

Ya sé que es más fácil tirar la toalla que echarle el valor suficiente a las cosas. Porque echarle valor siempre cuesta mucho más que abandonar, que darte por vencido, que dejarlo todo por perdido...

El éxito está a un paso más allá de donde estés a punto de tirar la toalla.
Pero no te quedes sin hacer nada, actúa. No te quedes mirando a la nada que la vida pasa, el tiempo corre, los trenes continúan hasta su próxima parada. Quizás te encuentre en un momento de tu vida que no sepas qué hacer o hacia dónde ir. Pero coge uno, no el más bonito, ni el más lujoso ni el más caro. Vete al panel de información y observa los destinos que te puede deparar cada uno. Y simplemente coge aquél que te lleve a un destino el cual tú quieres, deseas, anhelas, sueñas. Sin importar lo demás. Pero cuidado y no te equivoques de andén, ya que el destino podrá ser muy diferente al que tú pretendías. Aunque lo bueno de todo tren, es que siempre tiene una próxima parada, y es ahí cuando tendrás que valorar si parar o continuar.
Pero estás en el andén, dejas que los trenes pasen y los acabas perdiendo. Luego, cuando se ha marchado, te arrepientes y gritas desesperadamente. Pero ya no se va a detener. Ni dará marcha atrás
Recuerda; es muy fácil tirar la toalla  y que sólo una cosa convierte en imposible un sueño; el miedo a fracasar. Pero… ¿sabes qué? En realidad, en la vida no existen los fracasos. Para nada. Existen sólo las experiencias. El secreto de la vida es tener más comienzos que finales. Si te equivocas de andén siempre tendrás la oportunidad de rectificar. Y, además, te llevas la experiencia de aquello y evitas volver a tomar el tren equivocado. Según dicen por ahí, rectificar es de sabios y, añado yo, que de gente sensata y madura.
No lo olvides: El éxito está un paso más allá de donde estés a punto de tirar la toalla. Entonces pregunto ¿Nos rendimos? ¿O seguimos luchando por lo que queremos? Tú decides.

martes, 19 de abril de 2011

Mareas de Sueños.


Sé que es una cosa que carece de realidad o fundamento, y que no deja de ser un deseo, una esperanza sin probabilidad de realizarse: un sueño. Sé que esto es algo completamente irreal. Sé que es algo completamente improbable. Que tanta suerte no puede tener uno después de tantos y tantos años sin llegar a conocerla. Porque todo siempre son espejismos de lo que uno realmente desea. Y va andando tanto y tanto incesantemente hacía eso que quiere a la par que le ciega, que se acaba estampando contra el muro que tiene delante. Porque la vida es una ilusión, una sombra, una ficción. Y el mayor bien es pequeño. Que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son. 
Que sé y asumo que de un momento a otro puede aparecer un nudo en mi estómago, que todo se vuelva negro, que se me quiten las ganas de todo y que mis ojos humedezcan por no sé qué vez ya. Pero mira, mientras tanto habrá que disfrutar del momento y de esas pequeñas cosas que son la esencia de la mismísima vida, ¿no? Venga, pongamos en práctica ese bonito y conocido latinajo que dice Carpe Diem y a mandar.

La verdad es que a la vida le encuentro un curioso parecido con el mar: lo mismo estamos de bajamar que de pleamar, que de repente llega un tsunami y arrasa completamente con todo sin ningún tipo de distinción. Y es ahí entonces donde se demuestra si nuestra humana e imperfecta estructura interna es o no es lo suficientemente fuerte como para aguantar una dura caída tras una gran subida en esta montaña rusa llamada vida.
Porque no hay que temer soñar, si se va bien armado.

viernes, 18 de marzo de 2011

Blue Dreams.

Los sueños siempre tienen un color. Unas veces tienen uno y otras otro, como todo. Yo digo que azul. ¿Porqué? Porque depende del sueño, ese azul se torna de una tonalidad u de otra. Por ejemplo, si tenemos un bonito sueño, un sueño que cuando suena el despertador, es el aparato que más odias en ese instante, el azul será clarito, un luminoso azul celeste. En cambio, si tenemos un mal sueño, lo que se dice una auténtica pesadilla, de la que lo único que quieres hacer es correr, huir, escapar... ese azul se tornará oscuro, un azul marino fuerte.
Para mi, como he dicho, los sueños son
azules. Y para ti, ¿de qué color son?.

domingo, 12 de diciembre de 2010

Por el bulevar de los sueños rotos.

Y de nuevo ese escalofrío que me parte en dos. Parece que efectivamente el ser humano es el único animal que es capaz de tropezar dos veces en la misma piedra. A veces intentamos hacer nuestros sueños realidad y lo conseguimos, pero otras…otras no los conseguimos, y como que al menos por un instante lo ves todo mal. Intentas animarte, porque claro, de qué sirve estar mal cuando estando bien parece que al menos no te afectan tanto aquellas cosas no muy agradables. Efectivamente, a veces nos decepcionamos con las cosas. No, perdón. No solo a veces, creo que casi siempre. El problema radica en que ponemos demasiadas expectativas en esas cosas, nos hacemos una idea idílica de cómo van a suceder los acontecimientos y claro, cuando por fin parece que estás como en un sueño, acaba ese viaje por el maravilloso mundo de las nubes y tocas tierra, abres los ojos y te das cuenta…te das cuenta de que nada, absolutamente nada es como se veía desde ahí arriba. Serán las nubes que tapaban y no te dejaban ver lo que era, será el sol que te destellaba demasiado para poder dilucidar lo que pasaba…no sé. 
Sólo sé que nada es como aparenta ser. Que la vida es como una función de teatro. Todos somos actores y actrices, todos tenemos un papel asignado desde el momento que pisamos escenario y tenemos que llevarlo a cabo para la buena consecución de la obra. Y es que a veces a uno no le gusta del todo el papel que le ha tocado desarrollar, pero qué se le va a hacer, es el que tiene, es el que hay. Y parece ser que no hay posibilidad de un cambio de última hora.