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miércoles, 23 de julio de 2014

Desahogo con-sentido (XI) - Doctor Who

Acabo de ver las siete temporadas que hay hasta ahora de Doctor Who y necesitaba echar en algún sitio un cachito de lo que ronda por mi cabeza. Lo obvio, que me ha encantado. Pero toda. Desde el episodio 1x01 Rose hasta el episodio 7x16 The time of the Doctor. Si es cierto que en algunos momentos se hacen pesados algunos, pero vale tantísimo la pena luego por los enormes momentos que te regalan los siguientes y en cada final de temporada... 

De eso venía yo a hablar, porque de la serie entera es imposible en unos minutos que estoy dedicándole a esto. Es que los malditos finales de cada Doctor a mi me han roto. Pero todos. El primero porque era a fin de cuentas el primer Doctor con el que empecé la serie (supongo que el de casi todos, salvo los que hayan visto antes las temporadas antiguas, que no descarto algún día echarle ganas y echarles un vistazo, why not). Luego llegó el segundo, David Tennant, mi Doctor favorito hasta ahora y creo que para siempre. El toque que adquirió la serie desde ese momento fue brutal. Y de hecho las tres temporadas de él me las vi más rápido que estas tres últimas protagonizadas por Matt Smith. (Aparte interfiere que he estado viéndome la serie desde el 1 de enero y me la he acabado hoy y me ha pillado con las clases de por medio). Pero aún así... 

Algo curioso es que tras el famoso y doloroso I don't want go (No me quiero ir) de Tennant, al comenzar de inmediato la quinta temporada con la aparición de Matt Smith le cogí un poco de tirria. De hecho la quinta temporada no es ni de lejos la mejor de él. Y me costaba bastante ver un episodio. Pero comencé a darme cuenta que, al menos para mi, a Matt le ha ocurrido como al vino: que con el tiempo empezó a mejorar y a mejorar. Y a sorprenderme tras cada episodio su interpretación (aunque esto empezó a ocurrir a partir de la sexta temporada bien entrada). Es como cuando nos compramos unas zapatillas nuevas y nos están molestando hasta que les hacemos la horma. Pues eso.

Todo esto lo digo porque yo pensaba que la única despedida que me iba a doler más era la del Décimo Doctor, pero ni de lejos... Todas en realidad duelen. Y es que, por ahora, no han podido escoger a mejores actores para desempeñar el papel del Doctor. Te das cuenta que un actor es bueno cuando logra despertar en ti ciertos sentimientos en según qué momentos. Y a mi todos me han causado bastante tristeza y dolor cuando han dicho su adiós personal. 
De hecho, no lo sé a ciencia cierta como es obvio, pero creo que ellos, los actores, personalmente les duele tener que despedirse. Estoy casi seguro que una grandísima parte de esas lágrimas que muestran son de verdad acorde con el momento de su despedida.

Pero en fin, llamadme poeta, pero es un auténtico símil lo que ocurre cuando el Doctor dice su adiós. A pesar de que la figura del Doctor continúa, su imagen, su rostro, su persona... desaparece con él. 




De todas formas, aunque cambie sería como morir. Todo lo que soy muere. Un hombre nuevo sale a la luz y yo... he muerto.
David Tennant. 






Digo que es un símil, porque no deja de ser como la vida misma. Como les ocurre a todos y cada uno de nosotros. Cambiamos. A veces para bien, a veces para mal. Pero cambiamos. Y hay que asumirlo.
Todos cambiamos cuando lo piensas. Somos gente diferente a lo largo de nuestra vida. Y eso está bien, es bueno, tienes que seguir adelante, siempre que recuerdes todo lo que solías ser.
Matt Smith. 

Y eso también podría extenderlo al adiós de algunos acompañantes del Doctor. A casi todos se les tiene un pequeño hueco en nuestros sentimientos. Podría decir unos cuantos, como son Rose, Donna, el Capitán Jack, River Song... Pero en el fondo, todos ellos, bajo mi punto de vista, han tenido finales justos. Finales que aunque te duelen, en el fondo, son finales "felices". 

Pero [INICIO SPOILERS] el final que más me dolió y con el que más llegué hasta mosquearme de tristeza (sí, yo me mosqueo de tristeza) fue el de Amy y Rory. Qué maldita cosa más injusta. Pero bueno... sólo te queda pensar en que acabaron siendo felices juntos, hasta muy muy ancianos. Juntos toda la vida. [FIN SPOILERS].


En fin... no ha sido un tiempo en vano, ni por asomo, cada rato que le he dedicado en estos casi siete meses a la serie. Llevas tanto tiempo viendo una misma serie, a casi los mismos personajes durante un largo período de tiempo, que los acabas sintiendo como de tu vida. Los incluyes, sin quererlo, en tu día a día. Te provocan ciertas reacciones a tus sentimientos: tensión, suspense, intriga, risas, lágrimas... 

Y eso sólo es capaz de conseguirlo series como esta.

sábado, 31 de mayo de 2014

Desahogo con-sentido (X)

Me hacen mucha gracia las personas que mienten. No hay nada más que odie en este mundo que la mentira. (O cuando se te queda comida entre los dientes, tampoco lo soporto). Creo que es el momento en el que más llega a usar el cerebro el ser humano, y desarrollar una maravillosa inventiva para intentar oscurecer lo claro, y complicar lo fácil. Intentando evadirse de lo que es evidente, que rompen las palabras con cosas que no son, que se han desarmado ante nosotros mostrando su verdadera cara: que son unos falsos. Y, lo más importante de todo, que dejas de confiar en ellos. ¿Por qué? Porque si lo han hecho una vez... ¿quién te dice a ti que no lo volverá a hacer?

domingo, 21 de abril de 2013

Desahogo con-sentido (IX)


Una idea se me ha venido a la cabeza: el poder de elección y decisión personal.
Nos encontramos en un contexto en el que este «poder» se nos encuentra continuamente controlado, ya sea por instancias superiores de organización social, ya sea por aquellos que directamente la integran. Unas veces por imposición y, otras, por simple miedo. Miedo al qué dirán.

Y he aquí donde el género humano, dotados de racionalidad a diferencia de los animales, debe marcar la diferencia y no actuar como si de un rebaño de ovejas nos tratásemos, todos caminando en una dirección que realmente no sabemos ni de qué se trata. Pero que nosotros defendemos sólo por la ciega adoración a la persona que dijo de caminar en esa dirección.
Yo pienso que el problema radica en la relajación que experimentamos. Relajamos el músculo del pensamiento. Nos relajamos, en el sentido de que nos convertimos en «perezosos» para elegir lo que queremos realmente, dejando a ese líder en ciega adoración que elija por nosotros. Cuando las elecciones en determinadas cosas, son tan personales como la propia persona sobre la que concierne.

Y quizás la verdadera cuestión que deberían de plantearse todos y cada uno de nosotros sea: ¿realmente vivimos la vida que queremos o dejamos que los demás vivan por nosotros?

martes, 16 de octubre de 2012

Desahogo con-sentido (VIII)

Todos los días la misma rutina. Madrugar, estudiar, facultad. Madrugar, estudiar, facultad. Y así constantemente en un bucle sin salida desde hace más de tres años. Y la verdad es que no me quejo. Pensar que hay personas que más quisieran estar en la posición que estoy yo, me hace valorar la misma que ostento. Pensar que esto es lo que (al menos en principio) quiero, es lo que me empuja a seguir adelante. Aunque hay días y días. Unos mejores y otros no tanto. Por muchas cosas, pero es así. Y en los momentos de flaqueza es cuando hay que demostrar lo que uno vale, y no cuando uno se encuentra bien y es fuerte. Cuando uno está bien, obviamente es fuerte y es más fácil sonreír, ser feliz, animar a los demás... todo muy bonito, sí. Y valoro a esa gente que con su alegría intentan ir a otras personas a ver si se la contagian y también consiguen hacerles dibujar alguna curva en sus labios. Pero la verdad es que yo, por lo menos yo, valoro muchísimo más a esas personas que, a pesar de estar para el arrastre van, dejan sus problemas y preocupaciones de lado, y se acercan a ti y te dicen un qué te ocurre verdadero. De esos qué te ocurre que dan ganas de sentarse con esa persona y hablar, y desahogarte, y llorar, y gritar y, por supuesto, llorar. Y no de esos qué te ocurre por compasión, por querer quedar bien, por simple y puro formalismo. Esos no. Esos son uno de los cánceres más grandes que pueden existir para  los sentimientos: la ignorancia y la indiferencia. Prefiero tener a dos personas ahí que, por lo menos cuando las necesite sé que las voy a tener, a tener cientos de personas que sólo están para los jajas y a la hora de la verdad te demuestran lo que son: unos/as interesados/as, que les importan tus sentimientos y el cómo te sientes lo mismo que la reproducción de las amebas: nada.

sábado, 18 de agosto de 2012

¿Justo o injusto?

Quiero llegar a entender que las cosas pasan porque tienen que pasar. Aunque, la verdad, es que lo que deberíamos preguntarnos es si es justo que nos pasen. ¿Justo o injusto? Siempre pivotamos sobre estos dos términos cuando nos sucede cualquier hecho o acontecimiento en nuestras vidas. 

Ante esto, hay opiniones para todos los gustos. Las resumiré según a mi entender en dos: primero están los más inconformistas, que dirán que todo lo malo que les sucede es injusto, que ellos nunca tienen la culpa de nada. Este grupo rezuma cierto aroma a "victimismo", muy de moda hoy en día: y en segundo lugar tenemos un grupo bastante más reducido, que se caracteriza por asumir que cuando algo malo les sucede, es justo y no tienen derecho a quejarse ya que ellos mismos se lo han buscado.

Pero como suelen decir, ni los buenos son tan buenos ni los malos tan malos. Quiero decir con esto que ni los que dicen que todo lo que les sucede es justo llevan muchas veces la razón ni a la inversa: que los que dicen que todo lo que les sucede es injusto no les debería de pasar.
Esto se puede entrar a valorar analizando diversos aspectos sociales de la persona. Por ejemplo, si una persona es un delincuente (pongamos que realiza hurtos constantes en un centro comercial) y, derivado de ello, el guarda de seguridad le sorprende y ello lleva aparejado cierto castigo, debemos concluir con que es justo que se le aplique un castigo al ser aquélla una conducta no permitida. A pesar de ello, el delincuente siempre dirá que no, que es injusto que le hayan sorprendido de esa manera y que, en consecuencia, le castiguen proporcionalmente a la conducta delictiva realizada.
Pues bien, así sois vosotros. Pero todos, ¿eh? No os salváis casi ninguno. Siempre echáis balones fuera. Siempre tenéis que decir que la culpa es de otro. Que vosotros ahora resulta que sois unos santos, vaya que sí. La gente va de madura por la vida y no saben que el primer paso para dar señales de madurez, es reconocer los propios errores y aceptar cuando una persona no hace bien determinado acto social, personal, sentimental o cualquiera que sea.

En fin, concluyendo tras toda esta palabrería barata, dos ideas:
  • La primera, MADURAD YA. En serio, que madurar no es sólo cosa de frutas. 
  • Y la segunda consecuencia de la primera, ACEPTAD cuando cometéis un maldito error. Que ni orgullo ni nada, que hay que aceptar los errores para poder aprender de ellos y crecer como personas que somos.
Que todos cometemos errores. Pero que no hay mayor error que no aceptar cuando cometimos uno de ellos.



sábado, 14 de julio de 2012

Desahogo con-sentido (VII)

Hoy es una de esas noches nostálgicas en las que mi mente sólo se llena de recuerdos. Algunos los catalogo de recuerdos inútiles. Otros, de bonitos. Otros, que hacen daño. Otros... otros que yo qué sé qué sé yo cómo llamarlos. Y de ideas. De muchas ideas de ciertas cosas que uno ve por ahí, oye y calla. Y calla. Y vuelve a callar. Hasta que explota. 

Hipocresía. ¿Por qué? ¿Por qué os encanta tanto ser falsos? ¿Os pagan? ¿Os da morbo? Porque es que no lo entiendo. Tenéis demasiadas caras. Tantas, que ni vosotros ya os acordáis de las que tenéis. Y, claro, es cuando llega la confusión y no sabéis ya ni cuál de ellas poneros. Me dais asco. Mucho asco. Y ya estoy aguantando demasiado creo. Otro en mi lugar habría ya cometido alguna locura. Y posiblemente ésta revistiere la figura de delito. Ay si la mente delinquiera... estaría ya en la cárcel y con cadena perpetua probablemente. 
Pero bueno, la verdad es que uno ya está curtido en este tipo de campos de batalla (en el de la hipocresía me sigo refiriendo). Y ya como que me resbala bastante todo. Como que estoy intentando aprender a pasar de todo. Y cuando digo todo, es todo. Me va a costar muchísimo esfuerzo, la verdad. Porque no soy así. Pero si tengo que serlo para dejar de sufrir o, al menos, para no sufrir tanto, mejor que mejor.
Pero, por ahora, a ver si mis amigas las lágrimas me ayudan a arrastrar un poquito lo que tengo dentro de mi y lo lleva lejos, muy lejos, allá donde no pueda ni verlo...

domingo, 8 de abril de 2012

Desahogo con-sentido (VI)

"Estamos hechos de cicatrices, depende de nosotros cerrarlas o dejarlas sangrar".

Por más que digan, uno aprende verdaderamente cayendo. Ni experiencias ni habladurías de los más mayores. Nada de eso te enseña tanto como una caída. Y no sólo una vez, sino una tras otra... Hasta que quede una cicatriz que te haga recordar esos errores que cometiste y que te hicieron ser ahora quien eres. A fin de cuentas, las cicatrices del pasado sirven para eso: para que no se te olvide cuándo y porqué caíste, o no tiene porqué ser que hayas caído tú. Muchas veces no caemos nosotros solitos, sino que hay alguien que nos empuja y provoca nuestra caída.  Así, nos recuerdan también quién te empujó a que rozaras tu cuerpo contra el suelo. Y todo ello para que no lo vuelvas a hacer y la próxima vez esquives el golpe. O al menos, lo intentes. Ya que por más que uno intenta esquivar palos, siempre hay alguno que no ves y que te golpea de lleno. Porque claro, sabes el daño que te hiciste y, lo más normal, será que no quieras volver a sangrar. Salvo que seas un masoquista, que ahí entonces ya apaga y vámonos. 

Así, las cicatrices son buenas visto así: te hacen recordar el qué te las provocó y la enseñanza que obtuviste de aquella. Y lo más importante: nos hacen recordar que el pasado, efectivamente, fue real.

sábado, 24 de marzo de 2012

Desahogo con-sentido (V)

No hay ninguna persona en el mundo que haya sido hecha para manejar cada golpe que recibe. No estamos hechos de esa manera. De hecho, estamos hechos para enojarnos, llorar, entristecernos, ser heridos, tropezar y caer; sentir. No estamos supuestos a ser capaces de manejar todo. Pero eso es lo que nos hace más fuertes al final. Al aprender de las cosas que perjudican a la mayoría de nosotros. 

Cada acción debe considerarse individualmente realizada. Y analizar cada valor y cada perjuicio que de la misma se deslinda. Cuando los perjuicios superan a los valores, cuando se está sufriendo más que disfrutando, cuando se llora más que se ríe, puede que lo que estés haciendo no valga demasiado la pena. La gente no se percata de que al igual que "un gran poder, conlleva una gran responsabilidad" también "la realización de una determinada acción, conlleva una gran responsabilidad". Más, si ésta, atenta contra sentimientos o emociones. Más aún, si atenta contra la vida de uno.
En ocasiones nos preocupamos más por cosas pasajeras que por aquellas que siempre tenemos ahí. Puede que precisamente sea por eso, porque sabemos que lo tenemos ahí, y que nadie nos la quitará o arrebatará de nuestros dominios. Hasta que un buen día, llega un huracán y lo barre todo. La seguridad es buena y mala: es buena en manos de alguien inteligente, en manos de alguien que sepa usarla sin hacer daño a nadie, que dicha seguridad le sirva de base y apoyo a mantener aquello que quiere consigo mismo sabiendo y teniendo la seguridad, valga la redundancia, que no lo perderá pase lo que pase; es mala en manos de alguien completamente contrario, en manos de una persona que, dando por cierto y seguro cosas que ni han sucedido o quién sabe si pasarán, actúa sin importarle el "perder" aquello que quiere. Y va entre comillas porque para dicha persona, en realidad no observa que lo puede perder, precisamente por esa asquerosa seguridad. Errónea seguridad.

De ahí la razón de ser de mis primeras líneas, que no estamos hechos para poder manejar todo, para poder tenerlo todo bajo control. Tenemos que estar preparados para los imprevistos, para cuando las cosas no nos salgan del todo bien que esperábamos en un principio. En definitiva, tenemos que estar preparados para equivocarnos, fallar, caernos y volvernos a levantar. Y así, una y otra vez. Porque total, si esta es la dinámica del juego de la vida... ¿qué mejor que ir aprendiendo sus reglas cuanto antes mejor?

sábado, 28 de enero de 2012

Desahogo con-sentido (IV)

Hoy intentaré ser breve. Estoy muy agobiado con tanto examen de por medio. Con tanta rallada sin sentido rondando por mi cabeza. Y de ahí mis siguientes palabras fruto de una pequeña reflexión con uno mismo.

Si pensásemos dos veces las cosas antes de hacerlas, nos ahorraríamos muchos sufrimientos. Pero iríamos en contra del principio por excelencia de la mayoría de los mortales. Ese que dice actúa primero y piensa después, ese que va de primero disparar y luego preguntar, "uy, ¿a quién he matado?".
No nos damos cuenta. O es que no queremos hacerlo, que también puede ser. Pero aún quedan personas con corazón en este mundo, ¿sabéis? Aún quedan. ¿Y sabéis también el porqué de que cada vez haya menos personas de esas? De esas que tienen sentimientos, detalles con los demás, sonrisas fingidas y muy costosas con el único fin de arañar en la cara de esa otra persona otra sonrisa pero que ésta sí que sea real, de esas que en ocasiones se confunden con un maldito oso de peluche de cualquier tienda de juguetes de tanto dar y regalar abrazos... ¿Sabéis el porqué? Por culpa de todos. Sin excepción. Por no saber conservarlas. Porque este tipo de personas son como una hoguera: que como no tengas cuidado y te despistes lo más mínimo, se apaga. Y se va. Y no intentes ya encenderla, porque sólo lograrás quemar más aún esas cenizas que fueron algo y que ya no lo serán.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Desahogo con-sentido (III).

Qué triste sería ser como quieren que seas...

A ver, quería hacer un llamamiento a ese tipo de personas que carecen de una cosita que no se ve, ni se toca, ni huele, ni se come (aunque algunos lo hagan de la de otros, y ahora más adelante lo comprenderéis) pero que se siente por así decir: personalidad. Así que si te consideras una persona que la tiene, puedes dejar de leer y aprovechar el tiempo en algo más constructivo, como por ejemplo sacar a tu pez de paseo o similares. Si crees que la tienes pero no estas seguro, lee campeón (o campeona, ya sabéis, paridad ante todo) porque sí dudas es que no tienes. La personalidad es como el querer a alguien: o estás seguro al 101% o sino apaga y vámonos.

Pues bien, a ver, padre mío (o madre mía) ¿qué te cuesta dejar de copiar a los demás y comenzar a ser tú mismo (o misma)? ¿No crees que va siendo hora de madurar? ¿No crees que va siendo hora de hacerte con una personalidad propia e independiente del resto? Porque vamos, si eres tan mayor para unas cosas, lo eres perfectamente para otras, creo yo vaya. Vamos, que no me vayas a ser gallo de noche y gallina de día, porque no. En serio, hazte con una: es un consejo. No vayas a pensarte que es que voy a comisión o algo por el estilo. No, no. Además que no merece la pena. Apenas ganaría ni para comer, de la poca gente que se ha decidido a adquirir una personalidad propia. 

Así es que, recordando al famoso anuncio de televisión que va de un banco y lo hizo un famosísimo presentador de noticias (quién tenga una leve cultura general de televisión ya lo sabrá) lo puedo decir más alto pero no más claro: píllate una personalidad, en serio, que es una gran inversión de futuro. Y de paso, ya que estás puesto en ello, totalmente gratis y sin gastos de envío, una vida. Y deja ya la de los demás un poquito en paz.

lunes, 12 de diciembre de 2011

Desahogo con-sentido (II).

El espíritu navideño. Eso que tanto se habla ahora por estas fechas pero que nadie ha visto desde hace tiempo. Espíritu navideño... ¿qué es eso? ¿Observar cómo tu ciudad se convierte en un salón de juegos recreativos? Porque yo comparo a las ciudades (la mayor parte) con eso, con un gran salón de juegos recreativos, de esos a los que los menores de dieciocho años no pueden entrar (o no deben, al menos). Pues esos, los mismos. En éstos, suele haber bastante iluminación, miles de lucecillas que parpadean sin parar hasta que acabas mareado de ellas; mucha pasta como diría cualquier ciudadano de a pie, mucha circulación de dinero contante y sonante, lo que viene a ser el consumismo en las ciudades, ese impulso constante de comprar, comprar y, oh sí, comprar. Que luego llega el día de navidad, el veinticinco (por si algún despistado no lo sabe, y si eres más de Papa Noel) o el seis de enero (si eres más de los Reyes Magos) y quieres tener más regalos que nadie, lo último de lo último, lo más de lo más, para luego poder ir allá donde vayas fardando de eso (hasta que se te caiga al suelo y se te acabe jodiendo rompiendo, a lo que rápidamente vas a hacerte con otro de esos). 
Que eso otra, ¿qué  es eso de "yo soy más de Papa Noel" o "yo soy más de los Reyes Magos"? Señoras y señores, la mentalidad del fútbol ha rebasado fronteras insospechables: de los creadores de "yo soy del Madrid/yo soy del Barça" llega a vuestras pantallas por estas fechas tan señaladas, "Papá, Mamá, yo soy de Papa Noel/yo soy de los Reyes Magos". Y luego estará el listo que pille cacho por los dos sitios, pero bueno, eso es ya otra movida. 

Bueno, conclusión, ¿qué es el espíritu navideño? ¿Qué fue de esas largas noches sin dormir esperando que llegase el día siguiente ansioso para salir al salón y contemplar cómo bajo vuestro árbol había al menos algún paquete para ti? Sinceramente, y salvando las distancias, pienso que, aunque aún quedan supervivientes por ahí que continúan con dicha especie en peligro de extinción dentro de sí, el espíritu navideño murió hace mucho tiempo catapultado por los enormes y pesados cimientos del consumismo navideño.

Fdo: El espíritu navideño.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Desahogo con-sentido (I).

A veces, en la vida, ocurren cosas, acontecimientos, que cuando llegan a nuestros oídos o simplemente nos damos cuenta de ellos, nos quedamos un poco como "¿¡Hola!? ¿Y esto porqué?" Sí, sí, ya sabéis. Cosas que con toda seguridad sabéis que, si lo hubierais hecho alguno de vosotros, se os mandaría directamente a la hoguera, crucificándoos previamente, para disfrute de todas las hienas que por allí transitasen.
Pero claro, en realidad y por lo general, nosotros mismos conocemos las razones del porqué sucede esto. Del porqué de la impunidad de ciertas personas ante acontecimientos que, repito, si lo hiciéramos alguno de nosotros, simples mortales, se nos caería hasta el pelo de las cejas. La razón de esto es bastante sencilla a la vez que absurda: porque se creen que tienen el control. Se creen que son importantes o yo qué sé, se creerán algo y todo. Y no son personas que se monten una película que ni ellas mismas comprenden. O mejor dicho, qué digo película: ¡gente que se monta toda una superproducción en toda regla! 
No, no. Son personas que tienen ese estúpido defecto de creerse superiores a los demás. No sé de que vais a veces, pero si pensáis que así vais bien por la vida, estáis muy equivocados (y equivocadas, que no quiero que me vengan luego con que no uso la paridad en mis expresiones lingüísticas). Y que uno puede ser bueno, vale. Pero que de bueno a gilipollas hay un paso. Paso que creo que en más de una ocasión habré dado, por una cosa o por otra. Pero, desde ahora, paso que no está en mis planes dar.