
De camino al viejo embarcadero de la playa contemplaba como el astro rey se escondía entre las nubes, haciendo desaparecer cualquier rastro de él. Es entonces cuando, aprovechando esa calma y con el natural hilo musical del oleaje de fondo, abría su cuaderno y comenzaba a reflejar en él lo que por su ajetreada mente fluía. Cada duda. Cada pensamiento. Cada palabra.
miércoles, 31 de diciembre de 2014
domingo, 30 de noviembre de 2014
Noviembre en imágenes.
Tartas con el azúcar de un año, cafés que reviven tardes caídas, Diancie para todos, de Bruno por la vida, la vuelta a Hoennostalgia, un caballero muy singular, una buena dosis Raymaniasca y una sospechosa vaca.
viernes, 31 de octubre de 2014
Octubre en imágenes.
Piggy donuts, juegos, pizza, palomitas, Pokémon, más donuts, Rayman, más pizza, Doctor Who, tarta y regalitos históricamente épicos.
Porque una imagen vale más que mil palabras.
lunes, 29 de septiembre de 2014
Cambio.
Cambios. Cambios. Cambios. Cómo una palabra, según en el campo en el que se emplee, tiene un significado u otro completamente diferente.
El cambio climático, el cambio o sustitución de un jugador de fútbol por otro durante un partido, el cambio que te devuelven cuando vas a comprar y entregas una cantidad superior de la que tienen que cobrarse, la letra de cambio u orden por escrito de una persona a otra para que pague una determinada cantidad de dinero en el futuro a un tercero, el cambio social que se produce en un país tras un cambio de gobierno, el cambio lingüístico que experimentan todas las lenguas por el paso del tiempo, el cambio de variables dentro de las matemáticas para resolver ciertas ecuaciones, la palanca de cambio gracias a la cual podemos ir más rápido o más despacio en un automóvil, el cambio de vía de los trenes sin la cual nunca podríamos llegar a nuestro destino, el cambio psicológico que experimentan las personas: un proceso de cambio continuo.
Cambios que, aunque aparente ser pequeño, puede llegar a tener unos enormes efectos en la estructura básica de una persona.
Y es que no es la especie más fuerte la que sobrevive, ni la más inteligente, sino la que responde mejor al cambio.
Charles Darwin.-
viernes, 29 de agosto de 2014
Opinando sobre la New Nintendo 3DS.
Hoy ha anunciado Nintendo una nueva consola portátil para la próxima temporada. Se trata de la Nintendo New 3DS (y 3DS XL). Y tenía la necesidad de opinar, aunque fuera rápidamente, sobre este tema. Allá vamos.
Lo primero en lo que uno se fija es en qué novedades trae, así como qué consecuencias produce la aparición de una nueva consola para las que ahora existen en el mercado. Por ello, mi cuestión es si podemos hablar de una nueva consola (dentro de esta generación) o una revisión de la actual Nintendo 3DS (y 3DS XL, y 2DS).

Para mi se trata de una nueva consola dentro de esta generación, y no una revisión. Ya pasó con la Game Boy (en adelante, GB). La GB dio el saltó a la Game Boy Color (en adelante, GBC) y sacaron un juego exclusivo de tal envergadura como fue Pokémon Cristal, y no se podía jugar a éste en la GB. Esto se trató de una nueva consola, sí bien dentro de la misma generación. Una nueva consola perteneciendo a una generación posterior, podría ser el caso de la Game Boy Advance.
Por el contrario, una revisión puede ser perfectamente la Game Boy Advance SP o la Game Boy Micro, consolas que mantuvieron los mismos juegos de GBA pero con esa revisión o mejoras realizadas de uso de batería y no de pilas, pantalla LED retroiluminada, etcétera.
Mi opinión a este respecto es un poco agridulce. En el fondo, como consumidor, me da un poco de "rabia" a la par que cierta "alegría" (por decirlo de algún modo).


Pero bueno, a ver qué ocurre en los próximos meses. Nintendo no es tonto, y sabe que al final si quieres jugar a lo último, tendrás que tener lo último.
viernes, 25 de julio de 2014
Todo ocurre por algo.
Siempre pienso y pensaré que todo ocurre por algo. No creo en el destino. En ese destino que la gente piensa que ya existe y que se encuentra escrito. Creo en lo que hacen las personas, día tras día. Ya que ellas mismas son las constructoras de su futuro, trabajando en el presente y cuidando por no caer en los errores del pasado.
Por eso, aunque a veces odio el pasado, tengo que pensar que si el presente que tengo ahora no me disgusta, no toquemos el pasado. Todo esto es, para situar en un ejemplo, que viene alguien a contarte un problema que otra persona tuvo hace tiempo. Al menos mi primera reacción es la de "joder, ojalá pudiera haber estado ahí y ayudarte...", y NO. No nos paramos a pensar que si eso hubiera ocurrido, esa persona no habría aprendido por sí misma de los errores que cometió. Es más, puede incluso que el haber existido antes para alguien, hace que todo el presente quede alterado. Que esa persona a la que quisieras ayudar en el pasado, por ejemplo, es tu pareja y en el presente, por haber tocado ese pasado, deja de serlo. Es que imagináos la de paradojas temporales y espaciales que se podrían crear. Y algunas bastante graves.
Por querer hacer bien sobre alguien, este alguien deja de ser lo que es para ti en el presente. Por eso, aunque mi reacción es la de "ojalá..." en el fondo si eso hubiera ocurrido, nada sería lo que es en el presente y por consecuencia, el futuro.
Por lo que, aunque me duela a veces pensar en ese "ojalá..." del pasado, mejor dejarlo estar. En realidad, nuestras vidas son un eterno camino en bucle de errores que no paramos de darle solución, aprender de ellos y seguir adelante. Es como un videojuego en su fase de desarrollo. No paras de probarlo para observar qué bugs tiene y solucionarlos cuanto antes mejor.
Desde que nacemos estamos rodeados de errores que tratamos de solucionar. Cuando comenzamos a andar y no dejamos de caernos, esa caída es un error tras otro el cual tratamos de superar, ¿cómo? Consiguiendo mantenernos erguidos y con paso firme hacia delante. Cuando llega tu primer verano en el que ya los flotadores y manguitos te sobran y quieres bañarte en una piscina, otro obstáculo que tenemos que superar, ¿cómo? Aprendiendo a nadar, y no serán pocos los litros de agua que nos traguemos en el intento. Cuando llega tu primer amor. Je, pocas son las personas que de verdad siguen para siempre con esa primera persona que conocen. Yo diría que es bastante difícil incluso peligroso. Relación tras relación, más o menos larga, da igual, se aprenden cosas, aprendes ciertas cualidades/soluciones que empleas en la siguiente y así hasta que llegas a esa persona con la que sientes que ya vas a estar y es cuando debes darlo todo. Que sí, jode el pasado, y más en momentos de flaqueza en los que te da por pensar ciertas cosas, momentos, situaciones, el famoso "qué hubiese pasado sí", o ese "ojalá..." pero lo mejor es seguir adelante, partida tras partida, evitando siempre el game over que te persigue.
Todo ocurre por algo.
miércoles, 23 de julio de 2014
Desahogo con-sentido (XI) - Doctor Who
Acabo de ver las siete temporadas que hay hasta ahora de Doctor Who y necesitaba echar en algún sitio un cachito de lo que ronda por mi cabeza. Lo obvio, que me ha encantado. Pero toda. Desde el episodio 1x01 Rose hasta el episodio 7x16 The time of the Doctor. Si es cierto que en algunos momentos se hacen pesados algunos, pero vale tantísimo la pena luego por los enormes momentos que te regalan los siguientes y en cada final de temporada...
De eso venía yo a hablar, porque de la serie entera es imposible en unos minutos que estoy dedicándole a esto. Es que los malditos finales de cada Doctor a mi me han roto. Pero todos. El primero porque era a fin de cuentas el primer Doctor con el que empecé la serie (supongo que el de casi todos, salvo los que hayan visto antes las temporadas antiguas, que no descarto algún día echarle ganas y echarles un vistazo, why not). Luego llegó el segundo, David Tennant, mi Doctor favorito hasta ahora y creo que para siempre. El toque que adquirió la serie desde ese momento fue brutal. Y de hecho las tres temporadas de él me las vi más rápido que estas tres últimas protagonizadas por Matt Smith. (Aparte interfiere que he estado viéndome la serie desde el 1 de enero y me la he acabado hoy y me ha pillado con las clases de por medio). Pero aún así...


De hecho, no lo sé a ciencia cierta como es obvio, pero creo que ellos, los actores, personalmente les duele tener que despedirse. Estoy casi seguro que una grandísima parte de esas lágrimas que muestran son de verdad acorde con el momento de su despedida.
Pero en fin, llamadme poeta, pero es un auténtico símil lo que ocurre cuando el Doctor dice su adiós. A pesar de que la figura del Doctor continúa, su imagen, su rostro, su persona... desaparece con él.

De todas formas, aunque cambie sería como morir. Todo lo que soy muere. Un hombre nuevo sale a la luz y yo... he muerto.
David Tennant.
Digo que es un símil, porque no deja de ser como la vida misma. Como les ocurre a todos y cada uno de nosotros. Cambiamos. A veces para bien, a veces para mal. Pero cambiamos. Y hay que asumirlo.
Todos cambiamos cuando lo piensas. Somos gente diferente a lo largo de nuestra vida. Y eso está bien, es bueno, tienes que seguir adelante, siempre que recuerdes todo lo que solías ser.
Matt Smith.
Y eso también podría extenderlo al adiós de algunos acompañantes del Doctor. A casi todos se les tiene un pequeño hueco en nuestros sentimientos. Podría decir unos cuantos, como son Rose, Donna, el Capitán Jack, River Song... Pero en el fondo, todos ellos, bajo mi punto de vista, han tenido finales justos. Finales que aunque te duelen, en el fondo, son finales "felices".

En fin... no ha sido un tiempo en vano, ni por asomo, cada rato que le he dedicado en estos casi siete meses a la serie. Llevas tanto tiempo viendo una misma serie, a casi los mismos personajes durante un largo período de tiempo, que los acabas sintiendo como de tu vida. Los incluyes, sin quererlo, en tu día a día. Te provocan ciertas reacciones a tus sentimientos: tensión, suspense, intriga, risas, lágrimas...
Y eso sólo es capaz de conseguirlo series como esta.
lunes, 30 de junio de 2014
El cementerio de las redes sociales.
Este año ha sido el último que he cursado de mi carrera (un Grado en Derecho). Para finalizarlo, hay que realizar lo que se llama "Trabajo Fin de Grado". Hay muchísimas más cosas que se esconden tras esas simples palabras: investigación, leer (mucho de hecho), madrugar (o no dormir casi, como era mi caso) y saber trabajar a contra reloj cuando te topas con algún que otro inconveniente (como es el caso que casi finalizado el susodicho trabajo te saquen desde Europa una sentencia sobre tu tema y tengas que modificar casi todo).
Dejando de lado aquellos aspectos más "técnicos" que he analizado y estudiado en dicho trabajo, hay un epígrafe dentro del mismo que fue de invención e investigación completamente propia. No es que el resto no lo sea, que también, sino que éste fue un epígrafe con un tema del que siempre me habría encantado hablar, y tuve mi rinconcito ahí para poder hacerlo. No es otro que El cementerio de las redes sociales. Obviamente no voy a decir aquí todo lo que allí expuse, pero sí las ideas más fundamentales. Porque sí. Porque me apetece. (Y porque tengo que escribir en este blog una vez cada mes).

En resumen, se puede decir que en muchísimas ocasiones se lleva una doble vida: una de cara al mundo de Internet y la otra en el mundo real. Esto es un problema cuando no se sabe diferenciar entre un mundo y otro. Pues en el segundo, si cometes un error fácilmente es olvidado. Pero si este error se comete en este primer mundo, en mundo del ciberespacio, será un error que quede reflejado eternamente en la red.

Normalmente, la red social cumple con la decisión de no publicar más los datos. Pero ésta lleva una operación, más que de eliminación de inaccesibilidad para el resto de usuarios. Y esto, por mucho que se quiera, no es lo que pretende una persona que se da de baja en este servicio.
Yo pienso, y me parece la solución más lógica y obvia, que si, por ejemplo, yo publico algo en Internet, debo tener el mismo derecho a publicarlo como a eliminarlo. A fin de cuentas, las personas cambian, evolucionan… maduran en definitiva. Y si publicamos una información determinada (ya sea texto, ya sea imagen, ya sea vídeo) si luego cambiamos de idea sobre ello, debemos poder rectificar.
Pero, ¿qué ocurre cuando el usuario de una determinada red social ha fallecido? Los familiares (o herederos) serían los que tratarían de controlar su memoria digital, siempre y cuando éstos estén en conocimiento de que su familiar poseía esas redes sociales en concreto. No habría más impedimento técnico que acceder a las mismas y darlo de baja.
A decir verdad, esto es un problema que está ahí y que es cada vez más común, por lo que ya las redes sociales van teniendo una serie de protocolos de actuación en estos casos. No obstante esto, y ante las dificultades que pudieran existir, como el desconocimiento a priori por parte de los familiares de la tenencia de un perfil su familiar fallecido en una red social, o el desconocimiento de la contraseña o clave de acceso a la misma, lo único que quedaría sería el emprendimiento de acciones legales en aras de la protección de la memoria digital del fallecido y, en definitiva, el ejercicio del derecho al olvido post mortem por sus familiares.
sábado, 31 de mayo de 2014
Desahogo con-sentido (X)
Me hacen mucha gracia las personas que mienten. No hay nada más que odie en este mundo que la mentira. (O cuando se te queda comida entre los dientes, tampoco lo soporto). Creo que es el momento en el que más llega a usar el cerebro el ser humano, y desarrollar una maravillosa inventiva para intentar oscurecer lo claro, y complicar lo fácil. Intentando evadirse de lo que es evidente, que rompen las palabras con cosas que no son, que se han desarmado ante nosotros mostrando su verdadera cara: que son unos falsos. Y, lo más importante de todo, que dejas de confiar en ellos. ¿Por qué? Porque si lo han hecho una vez... ¿quién te dice a ti que no lo volverá a hacer?
sábado, 26 de abril de 2014
Caminos Infinitos (Capítulo 4 y final).
(Si no has leído el capítulo 3, pincha aquí.)
Nada más se supo de aquel chico. Unos dicen que
volvió a equivocarse, que volvió a caer en un camino lleno de oscuridad y
tinieblas y fue su más terrible sentencia. Otros dicen lo contrario. Que
triunfó. Que en aquel camino que, a priori, se mostraba todo un reto y de todo
menos fácil, acabó siendo de los mejores caminos que pudo escoger.
Digamos que fue la mejor elección que pudo hacer
en su vida. Y a pesar de aquella apariencia de difícil, fue el que más
felicidad le acabó reportando.
—No todo lo fácil tiene porqué ser bueno, ni
todo lo difícil malo. Aprende a escoger bien. —se podía leer en una
pequeña nota arrugada, arrojada en el suelo, al principio de todos aquellos
caminos infinitos.
viernes, 21 de marzo de 2014
Palabras de ida y vuelta.
Observo cómo la gente tiene trocitos de recuerdos en forma de fotos. Yo también tenía, hasta que se borraron (las tecnologías y los discos duros que los carga el diablo). De todas esas, las que más me dolieron perder fueron las de las personas que quiero y que algunas están y duele menos. Pero otras eran de aquellos que ya no están. Y duele más. Y claro, a veces tienes esa necesidad de ir a esos trocitos de recuerdos que te hacen feliz aunque sea por un momento. Aunque acompañen lágrimas. Pero fueron y siguen siendo momentos felices.
Intento pensar que esos recuerdos siguen estando en mi cabeza y que no necesito fotos para recordarlos. Pero no. Sucede al igual que cuando repites mucho una palabra y ésta acaba perdiendo su sentido. Y te preguntas que qué estabas diciendo. Pues igual, pero con los recuerdos.
Quizás sea por eso que cuando alguien veo que tiene recuerdos de esa manera, comienzo a sentir una mezcla entre envidia y tristeza de que esa persona pueda y yo no que no es humano.
Quizás sea por eso que cuando alguien veo que tiene recuerdos de esa manera, comienzo a sentir una mezcla entre envidia y tristeza de que esa persona pueda y yo no que no es humano.
Pero en fin, me consuelo pensando que una persona no muere verdaderamente mientras sea recordada. Y con ella permanecen los recuerdos.
miércoles, 26 de febrero de 2014
Caminos Infinitos (Capítulo 3).
(Si no has leído el capítulo 2, pincha aquí.)
—O... o no. —respondió una voz tras él—, ¿Por qué? ¿Acaso la vida no consiste en eso? ¿En caerse y volver a levantarse?
¿En caerse y volver de nuevo a levantarse? No hay nada escrito. Si lo
estuviera, no habría más que seguir las instrucciones que se nos facilitaran y
listo, ¿verdad? ¿Y no crees que así la vida... sería menos vida? —concluyó,
colocando la palma de su mano derecha sobre su hombro izquierdo.
El chico,
atónito, giró lentamente la cabeza. Pero resultó no haber nadie allí.
—¿Habrán
sido imaginaciones mías? —se preguntó, sorprendido por aquel extraño suceso. Se
puso en pie y tras una breve pausa, añadió—: El caso es que... si fueron simples imaginaciones, razón no
les faltaba...

Miro al suelo, y tan pronto como lo hizo, alzó la vista hacia un camino. Sus
ojos se fijaron en un camino un tanto... peculiar. A priori, no era bonito.
Tenía pinta de difícil, pues nada más a la entrada, se encontraba un puente un
tanto peligroso debido al desgaste del mismo por el paso del tiempo.
—¡Decidido! —exclamó en voz alta.
Cogió sus cosas y se lanzó hacia
aquel sendero sin pensárselo dos veces.
viernes, 31 de enero de 2014
Caminos Infinitos (Capítulo 2).
(Si no has leído el capítulo 1, pincha aquí.)
Había creado un camino alternativo y, con ello,
una vía de escape a aquel mundo de oscuridad y tinieblas. Una vía de escape en
forma de sendero que, sorprendentemente, le devolvió al principio del camino.
Al principio de todo. Renació. Pero no renació completamente, pues sus oscuros
y terroríficos recuerdos le acompañaban aún fruto de todo lo vivido.
Experiencia lo llaman. Había acumulado una experiencia que no es posible
conseguirla de otra forma que habiéndose equivocado de camino. Miró a su
derecha. Allí se encontraba aquel camino que tomó una vez y del cual aún seguía
acordándose. Lucía pletórico. Lo colmaban los rayos del sol que jugueteaban con
las ondas de un pequeño riachuelo que por allí paseaba.
—Vaya... no todo
lo que aparenta ser bonito acaba siendo lo más bueno... —pensó.
Cabizbajo, se
sentó a un lado de aquel camino que se bifurcaba en tantos que era casi
imposible contabilizarlos.
—Creo... creo que he estado perdiendo el
tiempo. He sido imbécil. —se decía para sí, suspirando.
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